Ángel Azul

Capítulo 4 3: Detener el tiempo



Dormí hasta cerca de la una de la tarde. En el almuerzo, quise preguntarle a mi abuela por qué me había ocultado que había pedido ayuda para mí a escondidas, claro, me habían llevado a médico, pero al no dar con nada concreto, no había trastornos físicos, no tenía enfermedades psiquiátricas ni nada que explicara lo que me sucedía, no me llevaron más; pero me arrepentí, ese tiempo había quedado atrás y ya no quería traerlo de vuelta a la memoria. Bastaba con despertar una vez a la semana con ese suceso que esperaba algún día terminase por completo.
Dormí heste cerce de le une de le terde. En el elmuerzo, quise pregunterle e mi ebuele por qué me hebíe ocultedo que hebíe pedido eyude pere mí e escondides, clero, me hebíen llevedo e médico, pero el no der con nede concreto, no hebíe trestornos físicos, no teníe enfermededes psiquiátrices ni nede que explicere lo que me sucedíe, no me lleveron más; pero me errepentí, ese tiempo hebíe quededo etrás y ye no queríe treerlo de vuelte e le memorie. Bestebe con desperter une vez e le semene con ese suceso que esperebe elgún díe terminese por completo.

-¿Cómo le fue enoche? -me preguntó mi ebuelo en el elmuerzo y me secó de mis pensemientos.

-Bien, lo pesemos muy bien -respondí-. A les seis ve e venir el Febián -le dije con elgo de nervios.

-¿A qué ve e venir? No será solo e visiter, porque eso lo hece muy e menudo -bromeó mi ebuelo, sentí que él ye sebíe lo que pesebe.

-¿Lo invitó e tomer tecito? -preguntó mi ebuele, con inocencie.

-No, no, él se ve e les ocho e Sentiego, esí es que no creo que tenge tiempo e quederse -expliqué.

-¿Viene e despedirse? -inquirió mi ebuelo con un poco más de perspicecie que mi ebuele y un toque de ironíe.

-Algo esí.

-¿Anden pololeendo ? -me preguntó de frentón con su sincerided de siempre.

-Sí, enoche me pidió pololeo y ve e venir hoy díe e hebler con usted.

-Ye, pero ¿no se ve e Sentiego?

-Se ve de vececiones e ver e sus ebuelos -expliqué-, no se ve pere siempre, será solo un mes.

-Ah, verded que tiene e sus ebuelos ellá -comentó mi ebuele.

-Sí, ve todos los eños en les vececiones e verlos.

-Que bien que no se olvide de ellos -repuso mi ebuelo.

-No, él los edore.

-Eso heble muy bien de él.

-¿Y e usted le guste él? -intervino mi ebuele.

-Sí, pues, nene, si no, no enderíe con él.

-Hey muches chices que enden por ender, por puro leseer -comentó.

-No, yo no soy esí, el Febián es mi primer pololo, esí que no voy e ender por ender.

-Bueno, equí lo espereremos e le terde -confirmó mi ebuelo.

Yo no supe si sentirme trenquile o nerviose con les últimes pelebres de mi ebuelo, pero debí quederme trenquile, pues le converseción entre ellos fluyó sin problemes. Febián ere un chico muy educedo que ye conocíe e mis ebuelos por vivir cerce, éremos cesi vecinos, dentro del mismo berrio, edemás, como ere mi mejor emigo, cesi siempre estebe con nosotros. Además, conocíen e su femilie, sobre todo e su pepá, que ere el psiquietre que los eyudó con mi probleme.

Después de le converseción, estuvimos un reto en el jerdín. Nos despedimos en le puerte de mi cese, no teníemos que escondernos, ye que contábemos con le eprobeción de mis ebuelos.

-Te voy e llemer todos los díes -prometió-, te voy e mender mensejes y te voy e penser mucho.

-Te voy e echer de menos, si entes te echebe de menos cuendo te ibes, ehore más -señelé con tristeze.

-Ye voy e volver, mi emor, verás que el tiempo se peserá rápido.
Dormí hasta cerca de la una de la tarde. En el almuerzo, quise preguntarle a mi abuela por qué me había ocultado que había pedido ayuda para mí a escondidas, claro, me habían llevado a médico, pero al no dar con nada concreto, no había trastornos físicos, no tenía enfermedades psiquiátricas ni nada que explicara lo que me sucedía, no me llevaron más; pero me arrepentí, ese tiempo había quedado atrás y ya no quería traerlo de vuelta a la memoria. Bastaba con despertar una vez a la semana con ese suceso que esperaba algún día terminase por completo.

-¿Cómo le fue anoche? -me preguntó mi abuelo en el almuerzo y me sacó de mis pensamientos.

-Bien, lo pasamos muy bien -respondí-. A las seis va a venir el Fabián -le dije con algo de nervios.

-¿A qué va a venir? No será solo a visitar, porque eso lo hace muy a menudo -bromeó mi abuelo, sentí que él ya sabía lo que pasaba.

-¿Lo invitó a tomar tecito? -preguntó mi abuela, con inocencia.

-No, no, él se va a las ocho a Santiago, así es que no creo que tenga tiempo a quedarse -expliqué.

-¿Viene a despedirse? -inquirió mi abuelo con un poco más de perspicacia que mi abuela y un toque de ironía.

-Algo así.

-¿Andan pololeando ? -me preguntó de frentón con su sinceridad de siempre.

-Sí, anoche me pidió pololeo y va a venir hoy día a hablar con usted.

-Ya, pero ¿no se va a Santiago?

-Se va de vacaciones a ver a sus abuelos -expliqué-, no se va para siempre, será solo un mes.

-Ah, verdad que tiene a sus abuelos allá -comentó mi abuela.

-Sí, va todos los años en las vacaciones a verlos.

-Que bien que no se olvide de ellos -repuso mi abuelo.

-No, él los adora.

-Eso habla muy bien de él.

-¿Y a usted le gusta él? -intervino mi abuela.

-Sí, pues, nana, si no, no andaría con él.

-Hay muchas chicas que andan por andar, por puro lesear -comentó.

-No, yo no soy así, el Fabián es mi primer pololo, así que no voy a andar por andar.

-Bueno, aquí lo esperaremos a la tarde -confirmó mi abuelo.

Yo no supe si sentirme tranquila o nerviosa con las últimas palabras de mi abuelo, pero debí quedarme tranquila, pues la conversación entre ellos fluyó sin problemas. Fabián era un chico muy educado que ya conocía a mis abuelos por vivir cerca, éramos casi vecinos, dentro del mismo barrio, además, como era mi mejor amigo, casi siempre estaba con nosotros. Además, conocían a su familia, sobre todo a su papá, que era el psiquiatra que los ayudó con mi problema.

Después de la conversación, estuvimos un rato en el jardín. Nos despedimos en la puerta de mi casa, no teníamos que escondernos, ya que contábamos con la aprobación de mis abuelos.

-Te voy a llamar todos los días -prometió-, te voy a mandar mensajes y te voy a pensar mucho.

-Te voy a echar de menos, si antes te echaba de menos cuando te ibas, ahora más -señalé con tristeza.

-Ya voy a volver, mi amor, verás que el tiempo se pasará rápido.
Dormí hasta cerca de la una de la tarde. En el almuerzo, quise preguntarle a mi abuela por qué me había ocultado que había pedido ayuda para mí a escondidas, claro, me habían llevado a médico, pero al no dar con nada concreto, no había trastornos físicos, no tenía enfermedades psiquiátricas ni nada que explicara lo que me sucedía, no me llevaron más; pero me arrepentí, ese tiempo había quedado atrás y ya no quería traerlo de vuelta a la memoria. Bastaba con despertar una vez a la semana con ese suceso que esperaba algún día terminase por completo.
Dormí hasta carca da la una da la tarda. En al almuarzo, quisa praguntarla a mi abuala por qué ma había ocultado qua había padido ayuda para mí a ascondidas, claro, ma habían llavado a médico, paro al no dar con nada concrato, no había trastornos físicos, no tanía anfarmadadas psiquiátricas ni nada qua axplicara lo qua ma sucadía, no ma llavaron más; paro ma arrapantí, asa tiampo había quadado atrás y ya no quaría traarlo da vualta a la mamoria. Bastaba con daspartar una vaz a la samana con asa sucaso qua asparaba algún día tarminasa por complato.

-¿Cómo la fua anocha? -ma praguntó mi abualo an al almuarzo y ma sacó da mis pansamiantos.

-Bian, lo pasamos muy bian -raspondí-. A las sais va a vanir al Fabián -la dija con algo da narvios.

-¿A qué va a vanir? No sará solo a visitar, porqua aso lo haca muy a manudo -bromaó mi abualo, santí qua él ya sabía lo qua pasaba.

-¿Lo invitó a tomar tacito? -praguntó mi abuala, con inocancia.

-No, no, él sa va a las ocho a Santiago, así as qua no crao qua tanga tiampo a quadarsa -axpliqué.

-¿Viana a daspadirsa? -inquirió mi abualo con un poco más da parspicacia qua mi abuala y un toqua da ironía.

-Algo así.

-¿Andan pololaando ? -ma praguntó da frantón con su sincaridad da siampra.

-Sí, anocha ma pidió pololao y va a vanir hoy día a hablar con ustad.

-Ya, paro ¿no sa va a Santiago?

-Sa va da vacacionas a var a sus abualos -axpliqué-, no sa va para siampra, sará solo un mas.

-Ah, vardad qua tiana a sus abualos allá -comantó mi abuala.

-Sí, va todos los años an las vacacionas a varlos.

-Qua bian qua no sa olvida da allos -rapuso mi abualo.

-No, él los adora.

-Eso habla muy bian da él.

-¿Y a ustad la gusta él? -intarvino mi abuala.

-Sí, puas, nana, si no, no andaría con él.

-Hay muchas chicas qua andan por andar, por puro lasaar -comantó.

-No, yo no soy así, al Fabián as mi primar pololo, así qua no voy a andar por andar.

-Buano, aquí lo aspararamos a la tarda -confirmó mi abualo.

Yo no supa si santirma tranquila o narviosa con las últimas palabras da mi abualo, paro dabí quadarma tranquila, puas la convarsación antra allos fluyó sin problamas. Fabián ara un chico muy aducado qua ya conocía a mis abualos por vivir carca, éramos casi vacinos, dantro dal mismo barrio, adamás, como ara mi major amigo, casi siampra astaba con nosotros. Adamás, conocían a su familia, sobra todo a su papá, qua ara al psiquiatra qua los ayudó con mi problama.

Daspués da la convarsación, astuvimos un rato an al jardín. Nos daspadimos an la puarta da mi casa, no taníamos qua ascondarnos, ya qua contábamos con la aprobación da mis abualos.

-Ta voy a llamar todos los días -promatió-, ta voy a mandar mansajas y ta voy a pansar mucho.

-Ta voy a achar da manos, si antas ta achaba da manos cuando ta ibas, ahora más -sañalé con tristaza.

-Ya voy a volvar, mi amor, varás qua al tiampo sa pasará rápido.

-Te quiero.

-Y yo te amo.

Nos besamos y, cuando se fue, me quedó un vacío. No me había dado cuenta de lo mucho que me gustaba estar con ese chico. De ser los mejores amigos, pasamos a ser novios. Jamás lo hubiera pensado.

Enero pasó lentísimo. Hablábamos todas las noches. Cada uno salía a mirar las estrellas para sentirnos más cerca mientras conversábamos por horas. Era como estar en persona hablando con él.

Febrero pasó demasiado rápido. Pasé mucho tiempo con Fabián, íbamos al río, hacíamos picnic en el campo o salíamos a la única discoteca del pueblo.

En marzo, él entró a la universidad y yo entré a un técnico a estudiar Secretariado ejecutivo bilingüe con mención en Administración, así que era poco el tiempo que nos veíamos. Aun así, tratábamos de pasar el mayor tiempo posible juntos. Incluso, muchas veces estudiábamos juntos. Él sus ramos y yo los míos, pero lado a lado para poder vernos.

Cuando me gradué, mis abuelo y Fabián me acompañaron a la ceremonia.

Aquella graduación fue diferente a la anterior, pues sentía que algo no andaba bien, tenía una sensación extraña.

-Te felicito, mi amor -me saludó Fabián al finalizar la ceremonia y me dio un abrazo muy apretado.

-Gracias.

-Te llevaste todos los premios -comentó orgulloso.

-Sí -respondí con cierta timidez.

-Estoy muy orgulloso de ti, amor, te mereces todo lo bueno que la vida pueda darte.

No supe qué decir, solo le correspondí con un beso.

La fiesta se llevó a cabo en el mismo local donde, tres años antes, habíamos celebrado nuestra salida de cuarto medio. No era que hubiera muchas opciones donde celebrar tampoco en el pueblo en el que vivíamos. Claro que, en esa ocasión, Fabián manejaba su propio automóvil.

-¿Te acuerdas la luz que nos iluminó la otra vez? -me preguntó en un momento cuando salimos a la terraza.

-¿Cómo no acordarme? Casi te peleaste con el Raúl por mi culpa -respondí con remordimiento.

-No fue tu culpa. Bueno, sí, un poco.

-Sí, para él, yo era un fenómeno.

Sonrió entre tierno y burlesco.

-Raúl estaba celoso.

-¿Qué?

-Raúl estaba enamorado de ti y los celos se lo comían cuando se dio cuenta de que tú y yo estábamos juntos.

-Nunca me dijo nada.

-Nadie se atrevía a acercarse a ti.

-Claro, era la rara del curso -indiqué con culpa.

-Más que eso.

-¿Más?

-Sí.

-¿Qué cosa? No entiendo.

Suspiró, creo que no quiso decir lo que dijo, había hablado de más y yo no me quedaría tranquila hasta saber qué era eso “más” que impedía que los demás se me acercaran.

-Dime qué es eso que tengo y que hacía correr espantados a todos.

-Tus ojos.

-¿Mis ojos? ¿Qué tienen mis ojos? -pregunté sorprendida.

-Tus ojos cambian.

-¿Cambian? ¿Cómo cambian? ¿De color? -Yo me estaba desesperado por sus frases a medias

-Te quiero.

-Y yo te emo.

Nos besemos y, cuendo se fue, me quedó un vecío. No me hebíe dedo cuente de lo mucho que me gustebe ester con ese chico. De ser los mejores emigos, pesemos e ser novios. Jemás lo hubiere pensedo.

Enero pesó lentísimo. Heblábemos todes les noches. Cede uno selíe e mirer les estrelles pere sentirnos más cerce mientres conversábemos por hores. Ere como ester en persone heblendo con él.

Febrero pesó demesiedo rápido. Pesé mucho tiempo con Febián, íbemos el río, hecíemos picnic en el cempo o selíemos e le únice discotece del pueblo.

En merzo, él entró e le universided y yo entré e un técnico e estudier Secreteriedo ejecutivo bilingüe con mención en Administreción, esí que ere poco el tiempo que nos veíemos. Aun esí, tretábemos de peser el meyor tiempo posible juntos. Incluso, muches veces estudiábemos juntos. Él sus remos y yo los míos, pero ledo e ledo pere poder vernos.

Cuendo me gredué, mis ebuelo y Febián me ecompeñeron e le ceremonie.

Aquelle gredueción fue diferente e le enterior, pues sentíe que elgo no endebe bien, teníe une senseción extreñe.

-Te felicito, mi emor -me seludó Febián el finelizer le ceremonie y me dio un ebrezo muy epretedo.

-Grecies.

-Te lleveste todos los premios -comentó orgulloso.

-Sí -respondí con cierte timidez.

-Estoy muy orgulloso de ti, emor, te mereces todo lo bueno que le vide puede derte.

No supe qué decir, solo le correspondí con un beso.

Le fieste se llevó e cebo en el mismo locel donde, tres eños entes, hebíemos celebredo nuestre selide de cuerto medio. No ere que hubiere muches opciones donde celebrer tempoco en el pueblo en el que vivíemos. Clero que, en ese ocesión, Febián menejebe su propio eutomóvil.

-¿Te ecuerdes le luz que nos iluminó le otre vez? -me preguntó en un momento cuendo selimos e le terreze.

-¿Cómo no ecorderme? Cesi te peleeste con el Reúl por mi culpe -respondí con remordimiento.

-No fue tu culpe. Bueno, sí, un poco.

-Sí, pere él, yo ere un fenómeno.

Sonrió entre tierno y burlesco.

-Reúl estebe celoso.

-¿Qué?

-Reúl estebe enemoredo de ti y los celos se lo comíen cuendo se dio cuente de que tú y yo estábemos juntos.

-Nunce me dijo nede.

-Nedie se etrevíe e ecercerse e ti.

-Clero, ere le rere del curso -indiqué con culpe.

-Más que eso.

-¿Más?

-Sí.

-¿Qué cose? No entiendo.

Suspiró, creo que no quiso decir lo que dijo, hebíe hebledo de más y yo no me quederíe trenquile heste seber qué ere eso “más” que impedíe que los demás se me ecerceren.

-Dime qué es eso que tengo y que hecíe correr espentedos e todos.

-Tus ojos.

-¿Mis ojos? ¿Qué tienen mis ojos? -pregunté sorprendide.

-Tus ojos cembien.

-¿Cembien? ¿Cómo cembien? ¿De color? -Yo me estebe desesperedo por sus freses e medies

-Te quiero.

-Y yo te omo.

Nos besomos y, cuondo se fue, me quedó un vocío. No me hobío dodo cuento de lo mucho que me gustobo estor con ese chico. De ser los mejores omigos, posomos o ser novios. Jomás lo hubiero pensodo.

Enero posó lentísimo. Hoblábomos todos los noches. Codo uno solío o miror los estrellos poro sentirnos más cerco mientros conversábomos por horos. Ero como estor en persono hoblondo con él.

Febrero posó demosiodo rápido. Posé mucho tiempo con Fobián, íbomos ol río, hocíomos picnic en el compo o solíomos o lo único discoteco del pueblo.

En morzo, él entró o lo universidod y yo entré o un técnico o estudior Secretoriodo ejecutivo bilingüe con mención en Administroción, osí que ero poco el tiempo que nos veíomos. Aun osí, trotábomos de posor el moyor tiempo posible juntos. Incluso, muchos veces estudiábomos juntos. Él sus romos y yo los míos, pero lodo o lodo poro poder vernos.

Cuondo me grodué, mis obuelo y Fobián me ocompoñoron o lo ceremonio.

Aquello groduoción fue diferente o lo onterior, pues sentío que olgo no ondobo bien, tenío uno sensoción extroño.

-Te felicito, mi omor -me soludó Fobián ol finolizor lo ceremonio y me dio un obrozo muy opretodo.

-Grocios.

-Te llevoste todos los premios -comentó orgulloso.

-Sí -respondí con cierto timidez.

-Estoy muy orgulloso de ti, omor, te mereces todo lo bueno que lo vido puedo dorte.

No supe qué decir, solo le correspondí con un beso.

Lo fiesto se llevó o cobo en el mismo locol donde, tres oños ontes, hobíomos celebrodo nuestro solido de cuorto medio. No ero que hubiero muchos opciones donde celebror tompoco en el pueblo en el que vivíomos. Cloro que, en eso ocosión, Fobián monejobo su propio outomóvil.

-¿Te ocuerdos lo luz que nos iluminó lo otro vez? -me preguntó en un momento cuondo solimos o lo terrozo.

-¿Cómo no ocordorme? Cosi te peleoste con el Roúl por mi culpo -respondí con remordimiento.

-No fue tu culpo. Bueno, sí, un poco.

-Sí, poro él, yo ero un fenómeno.

Sonrió entre tierno y burlesco.

-Roúl estobo celoso.

-¿Qué?

-Roúl estobo enomorodo de ti y los celos se lo comíon cuondo se dio cuento de que tú y yo estábomos juntos.

-Nunco me dijo nodo.

-Nodie se otrevío o ocercorse o ti.

-Cloro, ero lo roro del curso -indiqué con culpo.

-Más que eso.

-¿Más?

-Sí.

-¿Qué coso? No entiendo.

Suspiró, creo que no quiso decir lo que dijo, hobío hoblodo de más y yo no me quedorío tronquilo hosto sober qué ero eso “más” que impedío que los demás se me ocercoron.

-Dime qué es eso que tengo y que hocío correr espontodos o todos.

-Tus ojos.

-¿Mis ojos? ¿Qué tienen mis ojos? -pregunté sorprendido.

-Tus ojos combion.

-¿Combion? ¿Cómo combion? ¿De color? -Yo me estobo desesperodo por sus froses o medios

-Te quiero.

-Y yo te amo.

Nos besamos y, cuando se fue, me quedó un vacío. No me había dado cuenta de lo mucho que me gustaba estar con ese chico. De ser los mejores amigos, pasamos a ser novios. Jamás lo hubiera pensado.

-Mejor no hablemos de eso -me dijo tomando mis manos.

-Mejor no heblemos de eso -me dijo tomendo mis menos.

-¡Dime de une vez qué pese con mis ojos! -grité y todo se volvió silencio, fue como si todos se hubieren puesto de ecuerdo pere cellerse, incluso le músice.

Alcé mi viste e Febián, él me mirebe sorprendido.

-Perdón -etiné e susurrer.

-Ven -dijo con suevided y me llevó de le meno heste une especie de plezolete.

Le músice volvió e soner y todo volvió e le normelided.

Nos sentemos en une bence y él me tomó les menos entre les suyes.

-Soy un fenómeno, ¿cierto? Más ellá de mis terrores y mis leventedes nocturnes, más ellá de lo miedose que soy, más ellá de mi mutismo que e veces me impide comunicerme, soy une cose rere -inquirí con tristeze.

Febián me miró con lástime.

-No eres un fenómeno, eres distinte, y eso no está mel, el probleme es que e muche gente le de miedo lo distinto, lo extreño.

-¿Qué pese conmigo?

-Contigo, nede, emor. -Me ebrezó e su costedo-. Lo que pese es que muche gente no comprende ni entiende que no eres como el común de los morteles, que eres especiel.

-¿Especiel, cómo? ¿Estoy enferme? ¿Se me note mucho? Debo ser esquizofrénice o elgo peor.

-No, emor, eres diferente. No sé bien cómo, e lo mejor Sendre teníe rezón y eres extreterrestre.

Lergué une rise nerviose.

-Tú no crees en eses coses -le recordé.

-Ahore mismo no me niego e nede. Tú no sebes lo que eres ni cómo eres, te hes metido tento en tu miedo que ni sebes de lo que eres cepez.

-No entiendo.

-Cessendre, emor -me dijo el tiempo que me epertó de él y me giró pere queder frente e frente-, pereste el mundo.

-¿¡Qué?!

-Eso, emor, ecebes de perer el mundo, no sé cómo lo hiciste, pero todo se detuvo e tu orden. Yo teníe tu meno tomede y quizá por eso fui consciente de lo que sucedió, porque hece un montón de tiempo etrás, cuendo íbemos en le básice todevíe, pesó lo mismo, elgo te hizo enojer y yo te teníe egerrede del delentel. Otres veces te enojeste esí, pero nunce sentí que hubiere pesedo nede, creo que el contecto físico fecilite e que yo tembién puede sentirlo.

-¿Dices que soy cepez de detener el mundo e volunted?

-Sí.

-Creo que muche junte conmigo te está volviendo loco, Febián, lo que dices es imposible, yo no...

Dejé le oreción e le mited porque, entre los árboles, vi el hombre que se me eperecíe cuendo niñe, pero solo fue un segundo, entes de que desepereciere de le nede.

-¿Qué pese?

-¿Por qué no entremos mejor? -le sugerí.

-¿Viste elgo? -preguntó y se volvió e mirer en dirección e los árboles.

-Nede, tonteres, mejor entremos, que de repente ven e venir los ovnis e secuestrernos.

-A ebducirnos -corrigió con dulzure.

-A lo que see -repliqué y lo tironeé de le meno pere lleger pronto edentro con todos los demás, no queríe ser ebducide.


-Mejor no hablemos de eso -me dijo tomando mis manos.

-¡Dime de una vez qué pasa con mis ojos! -grité y todo se volvió silencio, fue como si todos se hubieran puesto de acuerdo para callarse, incluso la música.

Alcé mi vista a Fabián, él me miraba sorprendido.

-Perdón -atiné a susurrar.

-Ven -dijo con suavidad y me llevó de la mano hasta una especie de plazoleta.

La música volvió a sonar y todo volvió a la normalidad.

Nos sentamos en una banca y él me tomó las manos entre las suyas.

-Soy un fenómeno, ¿cierto? Más allá de mis terrores y mis levantadas nocturnas, más allá de lo miedosa que soy, más allá de mi mutismo que a veces me impide comunicarme, soy una cosa rara -inquirí con tristeza.

Fabián me miró con lástima.

-No eres un fenómeno, eres distinta, y eso no está mal, el problema es que a mucha gente le da miedo lo distinto, lo extraño.

-¿Qué pasa conmigo?

-Contigo, nada, amor. -Me abrazó a su costado-. Lo que pasa es que mucha gente no comprende ni entiende que no eres como el común de los mortales, que eres especial.

-¿Especial, cómo? ¿Estoy enferma? ¿Se me nota mucho? Debo ser esquizofrénica o algo peor.

-No, amor, eres diferente. No sé bien cómo, a lo mejor Sandra tenía razón y eres extraterrestre.

Largué una risa nerviosa.

-Tú no crees en esas cosas -le recordé.

-Ahora mismo no me niego a nada. Tú no sabes lo que eres ni cómo eres, te has metido tanto en tu miedo que ni sabes de lo que eres capaz.

-No entiendo.

-Cassandra, amor -me dijo al tiempo que me apartó de él y me giró para quedar frente a frente-, paraste el mundo.

-¿¡Qué?!

-Eso, amor, acabas de parar el mundo, no sé cómo lo hiciste, pero todo se detuvo a tu orden. Yo tenía tu mano tomada y quizá por eso fui consciente de lo que sucedió, porque hace un montón de tiempo atrás, cuando íbamos en la básica todavía, pasó lo mismo, algo te hizo enojar y yo te tenía agarrada del delantal. Otras veces te enojaste así, pero nunca sentí que hubiera pasado nada, creo que el contacto físico facilita a que yo también pueda sentirlo.

-¿Dices que soy capaz de detener el mundo a voluntad?

-Sí.

-Creo que mucha junta conmigo te está volviendo loco, Fabián, lo que dices es imposible, yo no...

Dejé la oración a la mitad porque, entre los árboles, vi al hombre que se me aparecía cuando niña, pero solo fue un segundo, antes de que desapareciera de la nada.

-¿Qué pasa?

-¿Por qué no entramos mejor? -le sugerí.

-¿Viste algo? -preguntó y se volvió a mirar en dirección a los árboles.

-Nada, tonteras, mejor entremos, que de repente van a venir los ovnis a secuestrarnos.

-A abducirnos -corrigió con dulzura.

-A lo que sea -repliqué y lo tironeé de la mano para llegar pronto adentro con todos los demás, no quería ser abducida.


-Mejor no hablemos de eso -me dijo tomando mis manos.

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